La visión biologizante del concepto de buen samaritano.

· psicoanalice

La visión biologizante del concepto de buen samaritano.

El samaritano parece como si trabajara de acuerdo con un “ideal” de ayuda a los demás, pero es mentira, pues lo único que busca es su reputación. En realidad, el samaritano (híbrido él mismo, medio judío medio gentil) ayudó a la víctima para dejar más genes en la generación siguiente. ( La imagen social positiva favorece al empareamento y así a la continuidad del gene egoísta).

No existe tal samaritano desprendido sino un hipócrita y un egoísta redomado. El no lo sabe, pero el biologicista sí. Este sabe incluso que no podemos confirmarlo ni rechazarlo a partir de las declaraciones de la gente.

Se da la paradoja de que, si ponemos en contrastación observacional la tesis biologizante del altruismo (un egoísmo solapado que aumenta su poder reproductor), comprobaremos que existe algo de altruismo coexistiendo con un mar de egoísmo. No encontramos pruebas de que esté creciendo el número de personas altruistas sobre las egoístas, ni a la inversa.

La tesis biologicista se resume en un encabalgamiento de declaraciones sin respaldo observacional. Nos hallamos ante un paradigma hermético sobre el egoísmo como primer principio no negociable de la biología, interpretando y reinterpretando todos los indicios en su favor. Los datos empíricos no reciben una lectura objetiva, sino una interpretación sesgada hacia la tesis que se propone. No tiene sentido traer otros comportamientos a escena:

Los partidarios del egoísmo saben que todo comportamiento humano, pese a su apariencia de moralidad, es egoísta (con la excepción de desajustes anómalos), así como saben que los más adaptados sobrevivirán (los desajustados se extinguirán pronto).

Sobre la continuidad entre las emociones sociales de primates y humanos basa Frans de Waal la moral (Primates and Philosophers). Defiende una tesis en parte opuesta a la del gen egoísta y en parte alejada de la que adscribe la moral al dominio ex cultura]. Milita, por supuesto, en la ortodoxia darwinista de la evolución a través de una selección natural aleatoria. Lo que no le impide admitir que la bondad moral es algo real y que pueden emitirse juicios de verdad en torno a la misma. La bondad requiere, como mínimo, tomar conciencia de los demás.

De un modo singular De Waal enhebra su discurso en torno a la negación de lo que él llama “teoría del barniz”, que asimila la moral a una fina capa suprayacente sobre un núcleo amoral o inmoral. De Waal sitúa al hombre al final de una larga secuencia de animales que se ocupan de los débiles y construyen lazos de cooperación con transacciones recíprocas. La teoría del barniz parte del supuesto de que los humanos son, por naturaleza, bestiales, y finalmente  malos y egoístas. Acorde con esa constitución cabría esperar que actúen con maldad y traten a los demás de forma interesada e instrumental. ¿Entonces, por qué existe la bondad?

De Waal invierte la premisa inicial:

los humanos son por naturaleza buenos. Nuestra naturaleza “bondadosa” nos viene heredada, igual que otros aspectos, de nuestros antepasados no humanos a través de un proceso, darwinista de selección natural. Para someter a prueba esta premisa, apela a las observaciones sobre otros primates de parentesco decreciente con los humanos. Si nuestros parientes más próximos actúan como si fueran bondadosos, el principio metodológico de parsimonia nos urge a suponer que ‘la bondad es real, que la motivación por el bien es natural y que la moralidad de los humanos y sus parientes tiene una fuente común. Y prosigue:

la capacidad humana por actuar bien en determinadas circunstancias hunde su raíz evolutiva en las emociones, que nosotros compartimos con otros animales. Una forma básica de respuesta emocional es la empatia, una suerte de contagio emocional por el que nos identificamos con el dolor del que sufre. Una etapa más elevada de reacción emocional es la simpatía, por la que admitimos la necesidad de otros.

Además no hay dos personas iguales. Judith Rich Harris abre su libro inclusivo de lo  Not Two Alike con la historia de Ladan y Laleh Bijani, gemelos idénticos que nacieron unidos por la cabeza. Fueron juntos a todas partes, no les quedaba otro remedio, pese a lo cual tenían distintos objetivos profesionales, diferente interpretación de la vida y la sociedad y personalidad disímil. Un absurdo para un determinista genético estricto, toda vez que hablamos de gemelos idénticos, dotados del mismo genoma y sujetos a un mismo trato paterno. Según doctrina al uso, los individuos son como son en razón de la naturaleza, la crianza y la interacción entre ambas. Contrastada esa doctrina con un examen fino del comportamiento de los sujetos, la tesis tradicional se revela incapaz de explicar las diferencias entre Ladan y Laleh Bijani.

¿A qué se deben las diferencias de personalidad? Harris se embarca en la búsqueda de la solución indagando en el campo de la psicología social, psicolingüística, neurociencia, primatología e incluso entomología. Se apoya, sobre todo, en psicología evolutiva y en genética del comportamiento.

¿Por qué somos todos distintos? Tras sustraer la parte aportada por los genes —en tomo al 45 por ciento— los estudios muestran que los gemelos idénticos adultos no presentan, en su personalidad, un parecido que sea superior al de dos personas tomadas al azar, aun cuando los hermanos se hubieran desarrollado en el hogar paterno, por los mismos progenitores y con idéntica escolarización. Cree la autora encontrar la solución en un guión basado en la “mente modular”. Nuestra constitución se erigiría sobre tres módulos: sistema de relación, sistema de socialización y sistema del estatuto.

El sistema de relación comienza en la cuna: el bebé retiene las caras y voces de la gente que le rodea, recogiendo información que le ayuda a conformar su personalidad; el sistema de socialización adapta las personas a su cultura, y el sistema de estatuto reelabora la información almacenada en la infancia y adolescencia, ademas de moldear nuestra personalidad de acuerdo con el entorno. En nuestro sistema de relación desempeña un papel crucial el altruismo.

From Mente y cerebro

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